jueves, 25 de abril de 2013

¿La fiesta de las promociones?



Juan David Torres Duarte
La Filbo ha sido reconocida siempre como una celebración de la literatura y el conocimiento. Pero, además de ser un encuentro literario, es un centro de mercado del libro: allí se promocionan autores noveles, los ya reconocidos lanzan sus novedas y las editoriales emergentes se abren campo. Por eso, la Feria de Libro es, al menos en un plano ideal, una plaza para potenciar el movimiento económico de las editoriales. Sin embargo, y pese a las buenas intenciones, un primer vistazo al evento de este año da cuenta de una arista decepcionante: una feria que abre un espacio excesivo a las promociones y los remates.

Los primeros días de la feria, que atrae público poco a poco, fueron el retrato más fiel de ese hecho. En los pabellones 3 y 6, donde están las editoriales que promocionan ficción y no ficción, las ofertas están a la mano. En el primero hay cuatro stands de promociones; cualquier caminante verá, entre las primeras opciones, una mesa con títulos de Anagrama y Acantilado. Hay allí obras de Paul Auster, Ryszard Kapuscinski, Roberto Bolaño. Lo curioso es que, mientras en las estanterías de costumbre se consigue un libro de estos a $30.000, aquí se pueden adquirir tres por ese mismo precio. De modo que se podría suponer que esta promoción editorial, además de presentar novedades, también consiste en sacar lo que sobra de la bodega y poner a circular títulos guardados que de otro modo no circularían ¿Está hecha la Filbo para eso?

En otro stand los libros de John Updike, John Irving y Leonardo Sciascia cuestan $10.000. Otros títulos más de editorial Tusquets pasan por esa misma cifra. Además ediciones Urano, que hasta el año pasado distribuía partes del catálogo de Tusquets (este año no aparece en su página web), tiene de costumbre una zona de precios especiales. Y en el pabellón 3 el retrato lo completan dos vitrinas que ofrecen, de forma desorganizada, volúmenes viejos e incluso en mal estado. 

El pabellón 6, en cambio, es menos evidente. Tres stands de promociones, encubiertos entre las novedades, se encuentran de tanto en tanto. Estos ejemplos bastan para suponer que, si la Filbo es una feria de novedad y promoción, lo está cumpliendo a media marcha. En cierto sentido, aunque la oferta editorial varíe existe una competencia desleal por el desequilibrio de precios que opaca las verdaderas intenciones de la feria. A esto habría que sumarle un detalle mínimo: Panamericana regenta un pabellón completo de promociones en todo tipo de literatura.

La Filbo, en efecto, no es por completo deficiente. El pabellón de Portugal y el encuentro con editoriales independientes y en crecimiento –como Laguna Libros, La Silueta y Rey+Naranjo- salvan la jornada.

Sin embargo, es imposible no fijarse en la predominancia de Planeta -tres stands con la misma oferta de siempre- o en la muy marcada apertura al Fondo de Cultura Económica, que posee dos vitrinas de tamaño nada despreciable. ¿Habría que hablar también del pabellón que solo ocupa Random House-Mondadori año a año?

La fiesta del libro, aun así, ya comenzó.

Reproducción tomada de El Espectador / Colombia en su página web https://www.fondodeculturaeconomica.com/Editorial/Prensa/Detalle.aspx?seccion=Detalle&id_desplegado=56349  

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