miércoles, 8 de agosto de 2012

Presencia europea en Manabí: del siglo XVIII en adelante

Portada del libro.



Solía decir Alberto Heymann Paz, cuando algún recién conocido le preguntaba, de dónde eres, él contestaba, con total convencimiento: de Manta, soy cholo “pata salada”. Es así de simple. Cómo ese mestizaje involucra sus antecesores y la adaptación de las generaciones a la renovada construcción del imaginario social y sus identidades.” Don Max Albert Heymann Wagner, nacido en Hamburgo en 1889, uno de once hermanos, emigró a la Argentina a los 17 años y de allí pasó a Chile, donde permaneció por poco tiempo. En 1912 arribó al Ecuador, donde la Casa Tagua lo empleó para trabajar en la provincia de Manabí…En Manta, de una primera unión en 1912 con la señora Carmen Herlinda Rodríguez Farfán, tuvo dos hijos: Alberto y Arnoldo Heymann Rodríguez…”.  Así comienzan las historias de las generaciones de varios inmigrantes, para el caso de los Heymann en Manta,  se distribuyen por distintas ciudades del país, o decididamente se afincan en nuestra provincia, el árbol genealógico se extiende: “Alberto Heymann Rodríguez, en segundas nupcias se casó en Manta con la señora Maruja Paz, en quien tuvo varios hijos e hijas…”.

En la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí, a través de la Editorial Mar Abierto, estamos atentos a la creación de autores con información vinculante con nuestra colectividad, máxime si se trata de recuperación histórica. Un nuevo libro se encuentra en proceso de publicación: “Presencia europea en Manabí” del autor Jaime Franco Barba. Su obra pòstuma recoge la llegada de inmigrantes europeos, que se asientan transitoria o definitivamente en territorio manabita, principalmente en sus puertos. A decir del catedrático y crítico mantense Humberto E. Robles, en el prólogo: “En el ámbito ecuatoriano es ya un lugar común hablar de una nación pluriétnica y pluricultural. En el contexto manabita, sin embargo, ha pasado mayormente inadvertido el reconocimiento de migraciones europeas recientes, las que tuvieron lugar durante los últimos dos siglos. El libro de Jaime Franco es un serio primer paso a fin de corregir ese lapso…van desfilando ciudadanos procedentes de diferentes latitudes: alemanes, españoles, italianos, croatas, irlandeses, suizos, holandeses, rusos, franceses, austriacos y otros más.”

Si la tagua se encontraba  por este territorio en estado natural, la comercializaron para Europa los alemanes, demandando la presencia de un buen número de sus compatriotas para  administrar los distintos sitios de aprovisionamiento que instalaron, luego llegaron los italianos para industrializarla, y sucesivamente: armadores de barcos, mecánicos, ingenieros, médicos, toda clase de profesionales que a decir del prologador  “el proceso de modernización acompaña el arribo de los extranjeros que se allegan a los puertos y  a otras poblaciones de Manabí . El milagro de las nuevas herramientas y de los nuevos inventos los van introduciendo y fomentando los migrantes. Así, un nuevo imaginario social es impulsado por gustos y normas traídas o importadas de allende el mar.”

La presencia en territorio manabita por parte de estos inmigrantes es descrito como una recopilación de datos de origen y formación de la familia, contactando el autor con los descendientes directamente, o revisando textos, periódicos y álbumes, en una intensa actividad que le llevó varios años de recorridos, donde sumaron las actividades económicas a las que se dedicaban y un orden familiar que se asienta o se esparce por el mundo.

De manera especial Manta, como puerto natural mantiene un apogeo con las exportaciones y los vaivenes de la economía nacional, subordinada a la de las necesidades del mundo, como bien reseña, también como estudio introductorio para este libro, la historiadora Carmen Dueñas de Anhalzer: “El auge exportador llegó a su fin en la década de 1930, los pueblos de la provincia, que como dijera Eduardo Galeano, se habían despertado con la varita mágica del comercio, se volvieron a adormecer. Pero hubo excepciones, y Manta…se benefició de una inmigración proveniente de economías industrializadas y más modernas. Llegaron empresarios, obreros, mecánicos, que con sus destrezas dieron impulso a la actividad industrial del puerto. Ahí donde decayeron pueblos antaño florecientes, como Montecristi, Santa Ana y Jipijapa…” se desarrolló este puerto al mar.

Interesante vínculo para asomarnos al pasado y  hacer un reconocimiento de nuestra fortaleza que integrada al encuentro con la cultura nativa, nos da este resultado que busca proyectarse con más fuerza e ímpetu a los desafíos del futuro. 

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