miércoles, 21 de septiembre de 2011

A MODO DE PRESENTACIÓN



Por: Cristian López Talavera

La literatura ecuatoriana vive un tiempo de cambios, uno de ellos es el apogeo de Talleres de creación literaria; entre los más importantes está el taller de Sara Vanegas, en Cuenca, el de Augusto Rodríguez, en Guayaquil, de Diego Velasco Andrade en Quito. Varios nombres han surgido de estos espacios de construcción, se me vienen a la mente: Freddy Ayala, Adolfo Santiestevan, María de los Ángeles Martínez, Johanna López, Lucero Llanos, en fin, nombres y obras. Pero Manta no ha sido la excepción, y es el poeta Pedro Gil quien, auspiciado por la Universidad Laica Eloy Alfaro, ha trabajado por años para presentar nombres que enriquezcan el patrimonio cultural del país, entre ellos está el nombre de Diana Zavala, con su título: Carne tierna y otros platos, reunión de 10 relatos cortos, donde la cotidianidad se devela como la catarsis por donde allanar en la consumación de estos platos sugestivos.

Para entender el proceso de Diana Zavala, debemos indagar en los objetivos de un Taller Literario. Empiezo por las palabras del poeta quiteño Alfredo Pérez Bermúdez: “Toda la vida ha habido grupos literarios, talleres literarios una especie de pequeñas logias para leer los textos de cada uno y confrontarlos, toda la vida desde casi siempre. Porque un escritor necesita de comunicación, necesita saber que otro que le lee tiene un criterio sobre lo que ha escrito”, mientras que Paulo Freire, en su Pedagogía del Oprimido, resaltaba el diálogo como una función única de emanciparse, decía: “No hay diálogo, tampoco, si no existe una intensa fe en los hombres” y es esta fe, ápice principal que han tenido varios escritores para poder mostrar su obra, desmitificar cánones, premios, alabanzas mutuas. Esta fe que nos retrotrae a la palabra esperanza. Y sé que existe esperanza en el cambio de las letras ecuatorianas. Diana Zavala es una de aquellas y me siento feliz, porque la literatura necesita de confianza (fiel testimonio de un sujeto para su tiempo con su otro), y tengo confianza al dar la lectura de este libro, que como su prologuista anuncia, disfrutar de este delicioso menú narrativo.







Si bien, el título del libro, y el dibujo de portada nos puede dar una imagen primera, el erotismo como una función de comer. Esta idea de comer que está ligada en el discurso popular como un acto sexual exclusivamente al cuerpo. Pero al iniciar la lectura del primer relato, toda idea antes realizada se desvanece, y solo encuentro personajes desolados, ambientes de mercado, pandemoniums, donde las cicatrices encuentran su vida. Ritos. Máscaras herméticas. Pero algo sacudía en mi cabeza. Volví al primer relato, a Polvo de Gallo, y recordé a Mario Vargas Llosa cuando rememoraba las palabras de Hemingway, que en sus primeros relatos, mientras escribía, suprimía el hecho principal, y es este descubrimiento que revolucionó sus textos literarios. Aquel silencio que Vargas Llosa denomino el dato escondido. Y es el punto que no encajaba en este primer cuento, y por donde voy a guiar mi análisis. Dato escondido que hace al lector ingresar en la historia para poder desencajar, mejor para poder involucrarse como un personaje más del relato.

Quizá en Polvo de Gallo, el tema esencial sea sexual, pero es el vacío existencial, la soledad, que como marcaría Cioran, no solo nos hace estar solos, sino nos hace ser únicos, sí, únicos en un mundo que la rapidez, la movilidad, o sino, el automatismo, la ganancia, el trabajo bajo presión, la excelencia ha ido envejeciendo ese reconocernos en el otro: “…yo sin palabras, sin movimiento, dejo que hable de mi falta de concentración, de que el problema no es su rapidez, sino mi lentitud y mi obsesión por las caricias previas”.


Sina Mondavi, Diana Zavala, Cristian López y Mónica Palau.



Y es esa soledad el tema esencial, la frase final es clave en este cuento: “El techo es un perverso espejo”. Borges se preguntaba que hecho le hizo temer a los espejos, y Diana Zavala creo encuentra la respuesta cuando anuncia: “un golpe en la puerta o el sueño nos liberé de la pesadilla de estar juntos”, pero también, su salida del relato es sutil e inteligente, para no caer en la facilidad, nos da un final inusitado: En qué piensas, en las aves, una respuesta extradiegética a la historia, quizá, maravillando su dato escondido. Claro, mi pregunta es ¿Qué le hizo llorar a Nano luego de la repuesta fría de las aves. Por qué rehúye de la inutilidad del amor? No se lo conocerá. Nosotros debemos recrear ese sentimiento.

En el cuento: La noche de aniversario nuevamente el final contrario al hecho narrativo, y el tema de la soledad entre los personajes se edifica como maldición, como un vicio imposible de liberarse. Pero en los diálogos de estos personajes se vivifica la soledad como salvación. Recreemos el cuento, primero nos indica un somero (des)encuentro, el dialecto inicial se funde con la sensualidad de la conquista. El amigo, luego de convencerla, entra al departamento de la mujer a escuchar, como parte de la coartada, música de Serrat. Existe un diálogo, luego de que ella se deja seducir: ¿Tú esposa se merece esto?. No. ¿Yo me merezco esto?. No, no, no Dios. Como podemos ver los dos personajes entran en su batalla con la moralidad y el deseo del placer, a lo que termina diciendo: Si te hubiera conocido en otra vida no te dejaría escapar, la culpa se deviene como un objeto de deseo.

Una de los méritos en este cuento, es que Diana Zavala logra transformar los elementos más próximos en lid de la imaginación. El final, donde la mujer reconoce esa mancha en su vida, como bien lo señala Roy Sigüenza, el amor como la muerte mancha, esta mancha denominada Soledad: “lo hallé sudándome el mueble, llevaba solo las medias, con una mano fumaba y con la otra trataba de hacerlo crecer”. Este reconocimiento que obliga y arrastra a las profundidades del infierno, vicio que nos abandona en una seda de desencanto.

Diana Zavala, desde estos ingredientes cercanos (dialecto, seducción, soledad) pone en cuestión los valores que nos aquejan, nos revela la mentira en la que estamos abocados, en el cuento La Campaña, el personaje se enfrenta a una crisis dentro de la narración: la protagonista, joven universitaria, es sometida a la vacunación contra la rubeola dentro de una campaña del ministerio de salud. El problema en que deviene es que se encuentra embarazada, aquí nace el conflicto: “Empezó a contabilizar los días fértiles de su ciclo; descubrió que su aventura en el baño con el mensajero ocurrió el infalible día 14”, sucede en sí la reflexión: “haz que salga ahora que no tiene forma de niño, ahora que no lo quiero, ahora que nos dolerá menos”. La autora acepta la fragilidad de la mujer en un mundo donde el individualismo está por todas partes, nos dice en el cuento: “ignoraron sus sollozos, criticando a las finalistas del miss universo”.


Jóvenes lectores presente en la presentación de Carne tierna y otros platos



Una de las cosas importantes que hay que acotar en esta presentación y que he leído en varios ensayos sobre este libro, es que es un libro de negación contra una moral pacata, a lo que yo negaría en lo absoluto. Estoy de acuerdo en que simplemente se niegan algunos valores que tradicionalmente se han considerado válidos, por ejemplo, el machismo, la falta de creencias, el no respeto a la vida, en fin. Pero creo que la importancia lo develan sus personajes, que en cada final del cuento tratan de iniciar una metamorfosis a la liberación. Se desprenden de su entorno, tratan de encontrar su identidad.

Pero algo, espero que lo tome Diana como un consejo de un lector, si bien, la estructura narrativa es interesante, y rememoro lo que alguna vez leí en un ayer, palabras del escritor Jorge Volpi sobre la muerte de la Literatura, que mucho se ha culpado a los profesores de esta materia, y que en algo en razón tienen, pero el escritor mexicano aseveraba algo importante (mi memoria me falla, pido disculpas): “Son los escritores y los lectores de literatura quienes ayudan al decaimiento de la literatura cuando se entretienen en un solo tema (él hablaba de la literatura gótica)”, hay que reconocer que tiene razón. Una de las virtudes de la narrativa, y que diferencia a la poesía, es que podemos salir en busca de ella, que nos da más libertad, más amplitud. Quisiera una Diana Zavala indagando aspectos de reflexión en otros ámbitos, partir desde otros ingredientes que se hacen poesía en su voz narrativa, y también felicito a Diana porque me mostró un mundo allanado en la desilusión, pero con esa fortaleza, propia del ser humano. Me regaló una nueva soledad.
Y, en palabras de Charles Bukowski, Diana:

Si vas a intentar, recorre todo el camino
No hay otro sentimiento como ese
Estarás a solas con los dioses
Y las noches se encenderán con fuego.

Diana ingresaste a un camino duro, donde la única recompensa que tienes al escribir, como la vida misma, es allanar tu vida de descubrimientos, de conocimientos.

(Texto leído en la presentación de Carne tierna y otros platos, Quito- 14 de septiembre de 2011, en la 44ª Feria Nacional del Libro de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador)

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