jueves, 25 de octubre de 2012

Presentación del libro: "FRACCIONES DE NUESTRA HISTORIA" de Tonny González Palacios



Por Edgar Moncayo



El entrañable amigo Tonny González me pidió hace pocos días que presentara un libro de su autoría en este augusto recinto de la cultura, la Universidad Católica de Quito. Para mí fue una grata sorpresa. Conocía que Tonny había publicado varios de sus trabajos, pero la verdadera sorpresa es que se trataba de un libro de historia de nuestro querido pero nunca bien relatado país. El Ingeniero González tiene su título en el área de electricidad y entre otros muy importantes escaños de su fructífera vida, ha sido profesor de varias Universidades y Director Ejecutivo del CONESUP.


Esto implicaba una razón más para sentirme honrado con este encargo: un hombre universitario en el sentido original y más amplio de esta palabra, alguien que no forma parte de ese círculo privilegiado de historiadores de la Patria, se había atrevido una vez más a contar la historia desde el punto de vista del ciudadano informado y crítico, el ser humano que puede juzgar los acontecimientos desde el sentido común de la cotidianeidad de la que él forma parte, con su realismo que algunas veces parece invadir lo mágico.



Para ubicar adecuadamente a este género de intelectual al que pertenece el Ing. González, es necesario recurrir a la sapiencia del maestro venerable Darío Moreira, quien en la introducción a este libro que hoy se presenta, diferencia con precisión al "intelectual especializado" del "intelectual multisectorial y transdisciplinario". Sin pretensión de disentir con el Maestro manabita, considero que Tonny está claramente ubicado entre los segundos; su enfoque heterodoxo de los sucesos históricos relatados en su libro, así lo demuestra.




Además, este grupo de intelectuales posee otra característica diferencial: su recuperación del valor de lo local, de lo regional; fácil y descuidadamente subsumido en la homogenización de "lo nacional". Y esta posición termina constituyéndose, con o sin intención, en un auténtico movimiento de resistencia, que al luchar por la identidad de los pueblos ubicados fuera de los denominados "polos de desarrollo", visibiliza a muchos héroes y heroínas, cuya contribución a las grandes jornadas por la independencia de la Patria toda, puede ser tanto o más importante que el reluciente y ponderado papel de los héroes nacionales.



En esta proyección Tonny González se configura a si mismo dentro de la generación de intelectuales manabitas, cuya visión regional no les impide justipreciar la integralidad de los problemas nacionales. Dicho en otras palabras, ven la unidad de la Patria en la diversidad del crisol multifacético de los pequeños y grandes pueblos "de provincia", como de manera desdeñosa suelen calificarlos quienes se olvidan de sus propias raíces, o no han disfrutado del placer de recorrer caminos secundarios y hasta chaquiñanes que atraviesan pueblos y comunidades autenticas; vale decir, sin los artificios de un turismo prefabricado.


Es útil notar que estos afanes por "lo nacional", que ya aclaramos que no debería oponerse a la diversidad de lo regional y local, se han asociado en décadas recientes por alguna mañosa artimaña con olores política cliente lar, a los nacionalismos de los gobiernos directa o indirectamente militares desde los sesentas y setentas del siglo XX. Sin embargo, también han tenido por las mismas épocas su correlato populista, que aprovecha en beneficio de intereses poco confesables, pero claramente corruptos, el desarraigo de sus tierras de origen, más ideológico que familiar, de los crecientes barrios marginales de las principales ciudades del país. Este hecho podría explicar el desfile circense de gobiernos y partidos populistas que se derrumbaban como castillos de naipes, al carecer de una base social coheslonada en ideologías de principios y no en los clisés de frases rimbombantes; así como, en compromisos auténticos, no forjados en la viscosa fragua de dádivas de campaña electoral y de ofrecimientos nunca cumplidos en el ejercicio del poder.



Es ahí donde los vientos refrescantes de la lectura de libros como el de Tony González, deberían constituir la base, no solo para la reconstrucción de una historia no oficial, sino para la configuración de un ciudadano realmente informado e interiorizado de la historia de su país; consciente del viejo principio de que, los pueblos que no conocen su verdadera historia corren el grave riesgo de reeditar en la nueva historia contemporánea las páginas más obscurantistas de la vieja.



Vale entonces leer de manera crítica y analítica las "Fracciones de la Historia" de Tonny González, desde aquellas facetas muy poco conocidas de Simón Bolívar, como aquella única batalla que el Libertador ganó en lo que hoyes el Ecuador, en Ibarra, el 17 de julio de 1823, a los realistas comandados por Merchán Cano e inexplicablemente apoyados por un indígena, Agustín Agualongo. Triunfo que acabo de consolidar la todavía precaria independencia conseguida en las faldas del Pichincha por la genialidad de Sucre.



Y decimos crítica y analítica con toda la intención de comparar, aunque sea de manera inevitablemente odiosa, con la epopeya de otro indígena, José Gabriel Condorcanqui, más conocido como Tupac Amaru, que solo cincuenta alias atrás, en las tierras del actual Perú, demostraba el espíritu y convicción indomablemente libres del ser humano nacido de origen en nuestra América.



Pasando con igual metodología lectora por otras historias igualmente poco difundidas del libertador, que demuestran lnequivocarnente su vocación por el desarrollo de las pequeñas y alejadas concentraciones humanas, en las que el genio visionario de Bolívar, ya asociaba el desarrollo de la Patria con este línea de geopolítica interior, que si aun ahora no es excesivamente popular en el sentido electorero de la palabra, en aquellos tiempos debía haber bordeado las fronteras de la utopía.


Así tenemos los relatos de "Bahía de Caráquez y Esmeraldas, puertos en la mira de Bolívar", o los "Antecedentes del triunfo de Pichincha", "Manabí y Manta, buscando la verdad en su historia"; para mencionar solo ejemplos al azar.




Pero este grupo de intelectuales multisectoriales y transdisciplinarios a los que Tonny pertenece sin ceremonia de iniciación, tiene otra característica más sugerente y profunda: su cruzada por rescatar los valores más importantes y menos pub licitados de la mujer ecuatoriana. No la de "gran mujer detrás de un gran hombre", pero en todo caso siempre en un papel de segundo plano. Ni siquiera basta el rol de esposa y madre, vale decir retirando ciertos eufemismos de corte machista, de heroica asistente del caballero principal y de discreta formadora de hijos descollantes.



Se trata de rescatar el espacio de la mujer por ella misma. Ella impulsando a los ejércitos libertarios a la victoria con traje y vestido militar, como Manuela Sáenz; ella conspirando directamente en favor de las causas más justas de la Patria, como Rosa Zárate. Sin que ello, le quite una pizca a su faceta de amante con la fuerza de la pasión que echa abajo las enmohecidas normas de un honor y moral restauradas en los confesionarios; y de madre dispuesta a dar su vida por los ideales de sus hijos, sin lágrimas ni alharacas.




Edgar Moncayo, expresidente del Conea, presentó el libro de Tonny González, en Quito.

Y en este punto, nuestro amigo Tonny realmente se ha esmerado, sacando a relucir su militante admiración por ese prototipo de mujer, y hasta su vena poética, en historias dramáticas como las de "Bolívar y la otra Manuelita", "Manuela vuelve a Paita", "Un año para doña Manuela", "Rosa Zárate: historia, mujer y liberación", "La victoria de Camino Real y su heroína Josefina Barba", "Las Garaicoas", etc.




No obstante, aquí Tony nos queda debiendo, aunque la menciona en alguna de sus historias, el relato de la pionera de la independencia de Colombia, Policarpa Salavarrieta, que no solo ve la liberación en los impredecibles términos políticos y económicos, sino en la liberación de la mujer como ser humano con pasiones y deseos, en medio de una sociedad que todavía hoy insiste en caricaturizarla como un objeto sexual y de reproducción de la especie.


Pero serie una imperdonable omisión no mencionar las entrelíneas de los relatos, donde el Ing. González deja ver su pasión por una educación liberadora de las ataduras de los dogmas con ropaje científico y de las verdades absolutas maquilladas de cambios revolucionarios. Esa educación que transmita primero con el ejemplo, el saber ser, el saber hacer, el saber convivir y trabajar. con quienes no piensan como uno, en el contexto de un planeta en la era del postmodernismo y de la sociedad del conocimiento y las comunicaciones electrónicas, donde la paz pero con una vida digna, deje de ser solamente el discurso de todo tipo de reuniones internacionales y de discursos domésticos de ocasión.


Aquí, este libro que hoy presentamos descubre esta intencionalidad desde los títulos de las historias: "Sucre promotor de la educación y el periodismo en el Ecuador", "Francisco José de Caldas: el sabio fusilado", "Pedro Carbo: patriarca de las ideas liberales y de la educación superior", "Aníbal San Andrés, patriota y excelso maestro de los manabitas; hasta los recuerdos de su ingreso a la Universidad, en "29 de mayo: página de dolor y gloria de los bachilleres"; y otras historias.



Considero que la mejor forma de concluir esta presentación, que se ubica muy lejos de apenas reflejar algo del libro de Tony González, es evocar las palabras del autor, en la explicación introductoria: "El propósito de estos trabajos se oriento a suscitar, promover y procurar emprender la curiosidad, indagación e investigación de nuestra historia, desde otras vertientes, no desde el punto de vista de la historia oficial, de aquella historia atada al carro de los triunfadores o subalterna del poder, en aquel proceso que a fuerza de repetirnos lugares comunes nos fueron vaciando de historia".

Texto leído el jueves 18 de octubre en la presentación del libro "Fracciones de nuestra historia", realizado en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador en Quito, en el marco de la 45ta Feria Nacional del libro PUCE 2012, en Quito.

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