martes, 3 de abril de 2007

El último Festival de la Tradición Oral en Río Caña




(Tradición oral)


Lautaro León*

Me había invitado en algunas oportunidades, y, por uno u otro motivo no había podido hacerlo.
Me había invitado a su tierra: Río Caña, donde era el autor, cómplice y encubridor del “Festival de la Tradición Oral”.
Me había invitado Raymundo Zambrano, el amigo fiel: fiel a sus impulsos, fiel a sus creencias, fiel a su misión, fiel en su amistad.
Y fui llegando cargado de cámara, mochila e ilusiones, sin saber que iba a ser testigo del último Festival de la Tradición Oral en Río Caña.
Después de algunos transbordos, y de pregunta en pregunta (con el consabido “aquí a la viravuelta, no más, jefe” y “¿de qué Canal es?”), me bajé en un lugar que no era el tradicionalmente escogido por los organizadores: la casa de la familia Pico, así es que me tocó comenzar a caminar.
Créanlo o no, un perro que estaba en el borde del camino, junto a sus dueños, un padre y sus dos hijos en labor de corte de cabello, comenzó a caminar lentamente delante mío, luego de que me dieran la indicación correcta de hacia donde debía dirigirme, y no paró hasta llegar al sitio. En ese instante, me miró, como esperando las gracias, y desapareció de mi vista. Si no tengo su foto, es porque, cada vez que lo intentaba, él se me adelantaba a paso rápido y no hubo manera de enfocarlo.
Nunca más lo vi, en los tres días que permanecí en Río Caña.
Desde ese instante, comencé a creer todo lo que de mágico y extraño se cuenta de la Tierra Manabita.
Primera Impresión: el lugar parecía lleno de fantasmas. Era un viejo caserón de hacienda de dos pisos, con la típica planta baja abierta al multiuso, estructura de madera y pisos de caña y madera, muchas ventanas y un pequeño balcón hacia la fachada principal.
Atrás, un extenso patio con una gran mesa comunal de caña picada, cocina al aire libre (enramada), y lo mejor: ¡un trapiche!, junto a la bajada al río; y en el trapiche, dedicado a la molienda, una figura alta y desgarbada, luenga barba y ensortijada y larga cabellera con sombrero montuno: es Antonio Pico, el otro autor, cómplice y encubridor de esta fiesta. Todo un personaje de ficción…pero real, muy real.
“Macondo, se quedaba chiquito”. De pronto, una voz conocida: “Ujú, compadre Lautaro” me sonó desde entre unas cañas de guadua listas para ser cortadas. Era el Raymundo, machete en mano, no en su versión de Don Pascual, pero muy, muy cerca, en su versión original.
Luego del abrazo de rigor, (y la sorpresa), pues no esperaba ya mi visita, lo primero que recibí fue un buen trago de guarapo, fresquito, recién salido del horno, digo, del trapiche.
Y como había comenzado a sacar fotos desde el momento en que me subí a la primera chiva, decidí no perderme el registro de todo lo que ya veía venir.
Ver a Raymundo trabajando en el cambio de las cañas que iban a servir como asientos para el público, me motivó a ayudarlo, sacando la foto-testimonio, para la posteridad.
Quiso mi suerte que fueran llegando pequeñas delegaciones, cada una más interesante que otra, que pusieron también manos a la obra. De todas las edades: jóvenes, no tan jóvenes, y viejos; de todos los colores: negros, cobrizos y blancos; de toda procedencia: capitalinos, porteños, rurales y montunos; de todas las profesiones: periodistas, antropólogos, sociólogos, teatreros, danzantes, músicos y fotógrafos.
Y entre aquellos personajes variopintos, uno destacó desde el momento en que apareció: un hombrecito medio chueco, barba hirsuta y cana, caminar pausado, lentes innombrables y de edad ignota, que apenas se sentó en la mesa comunal, captó la atención de todos y no la soltó durante los tres días del Festival. Don Dumas Mora “El Poeta de Calceta” nos contó la historia de su vida en prosa y en verso, en décimas casi perfectas, “sin cuenta” veces. Igual, le pedíamos repetición, sin cansancio, pues cada vez la matizaba con alguna alegoría de sus “conquistas” en “cualquier lugar del planeta”.
Más, cuando se puso serio y pasó a comentarnos sobre su Filosofía de vida, el estupor y la sintonía de la audiencia fue total: la religión, la política, la economía, la educación y la cultura, fueron cuestionadas de una forma tan sabia y sencilla, que merecía ser publicada como un tratado de Lógica Magistral.
Aquella primera noche, y las dos siguientes, entre guarapo y guarapo, desfilaron para gozo y conocimiento general, un grupo de Danza Contemporánea de Quito, un Trío de Voces y Guitarra de Manabí, un Grupo de Baile y Marimba Esmeraldeña, un Cuerpo Colegial de Baile de Proyección Folklórica Montubia, y, por supuesto, los auténticos cuenteros y amorfineros, hombres y mujeres, veteranos de muchas lides, traídos por Raymundo, como ya dije, desde sus recintos en la profundidad de la montaña.
Fueron días de música, paz y amor.
El último día, día de las despedidas, y ya volviendo cada uno, poco a poco a la realidad de la vida, dejando atrás ese sueño Macondiano de tres días, se me despertó la musa patichueca que llevo dentro, y en el bus de la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manta en que viajábamos, escribí unas coplas para Don Dumas.
Me atrevo a ponerlas en este artículo porque dicen más, de él, que todo lo que pude haber dicho antes.
Como corolario, me duele pensar que el Festival de la Tradición Oral en Río Caña, haya llegado a su fin. Desgraciadas desavenencias entre los dos principales organizadores, dieron al traste con una experiencia única y fundamental para el testimonio de nuestra cultura más pura.
Ahora está dividido en dos… pero ya no es lo mismo.
Lo extrañaré por siempre.

(fragmentos del Cyberalfaro # 12)

*Lautaro León Rodas: (Guayaquil, 1950) Arquitecto. Ha incursionado desde su juventud en la música, el teatro, la fotografía y el cine.

3 comentarios:

SEDIENTADEAMOR dijo...

QUE RELATO TAN HERMOSO..HERMOSO PORQUE TODAS ESAS EXPERIENCIAS TAMBIEN LAS HE VIVIVO..LO QUE NO ESTOY MUY DE ACUERDO ES QUE UD HABLA DEL ULTIMO FESTIVAL Y AUNQUE COMO DICE UD PUEDE QUE NO SEA LO MISMO NO SE LE PUEDE RESTAR VALOR SE SIGUE HACIENDO AÑO A AÑO..YO ASISTO ..ES MAS AHORA ESTOY ARREGLANDO MI CARPA MI FILMADORA Y MI CAMARA PARA PARTIR..Y SIGUE IGUAL DE BONITO..PRESENTANDO NUEVOS ESPECTACULOS ..ASI QUE ESPERO ESTE AÑO UD VAYA PARA QUE LO COMPRUEBE ...

patico dijo...

ese es mi abuelo carajo

Nahuel Carlos Porcel de Peralta dijo...

Hola, necesito ubicar a Lautaro Leon Rodas, alguien sabe como? Soy Nahuel Porcel de Peralta, del Grupo Siripo, y vivo en Mexico, gracias. Mi email es mosternahuel@gmail.com